Cartagena a bocados: otra forma de descubrir el Caribe colombiano
Entre murallas, plazas y calles llenas de color, Cartagena también guarda una historia que se descubre alrededor de la mesa, entre posta cartagenera, frutas tropicales, café colombiano y una nueva generación de cocinas que mira hacia sus raíces.
Hay ciudades que invitan a caminar sin rumbo y Cartagena de Indias es una de ellas, con calles que parecen llevar siempre hacia una plaza, una muralla o una puerta abierta donde el Caribe se cuela en forma de música, aromas y conversaciones que se alargan cuando comienza a caer el sol.
Pero hay otra manera de conocerla y quizá sea una de las más deliciosas: sentarse a la mesa y dejar que sean sus sabores los que cuenten la historia.
La gastronomía de Cartagena está profundamente ligada a su condición de ciudad caribeña y a las distintas culturas que han pasado por ella, dejando una cocina donde conviven ingredientes y tradiciones africanas, indígenas y españolas. El resultado aparece en los arroces, las frituras, los pescados, los guisos, el coco y una extraordinaria variedad de frutas tropicales (mmm, arroz con coco).
Y así como las murallas hablan de su pasado, la comida permite descubrir una Cartagena que sigue cambiando, donde las recetas tradicionales conviven con restaurantes y pequeñas propuestas que reinterpretan los ingredientes colombianos desde una mirada actual.
Qué comer en Cartagena para comenzar a conocerla
Quizá uno de los sabores más representativos sea la posta negra cartagenera, preparada tradicionalmente con carne de res que se cocina hasta adquirir ese tono oscuro que le da nombre y suele llegar acompañada por arroz con coco y plátano (llamado patacón). Es uno de los platos que la promoción turística oficial de Colombia identifica como símbolo gastronómico de la ciudad.
Después están esas preparaciones que aparecen de manera más informal y que también forman parte del viaje, como la arepa de huevo, las carimañolas, las empanadas y los ceviches, además del pescado, los mariscos, el sancocho y el mote de queso.
La ruta puede continuar en el Portal de los Dulces, dentro del Centro Histórico, donde las frutas y el coco se convierten en cocadas y otros dulces tradicionales, creando uno de esos pequeños rituales que vale la pena incorporar a una caminata por la ciudad amurallada.
Porque aquí comer no tiene que significar necesariamente reservar una mesa durante horas y esa mezcla entre cocina callejera, recetas familiares y propuestas contemporáneas es precisamente parte de lo que vuelve tan interesante recorrer Cartagena con apetito.
Una ciudad que también sabe a fruta
En medio de esos sabores aparece la fruta, de forma que se convierte en algo imposible de ignorar.
Mango, maracuyá, guanábana, corozo, lulo, pitaya y coco forman parte de un paisaje gastronómico que cambia de colores a lo largo del día y que se puede descubrir en jugos, postres, bebidas y preparaciones que aprovechan la enorme biodiversidad colombiana.
El boletín de Nuestra Cartagena habla precisamente de esa relación entre territorio y sabor y encuentra en Nía Bakery, Coffee & Cocktails una expresión contemporánea de esa idea, con un menú donde muchas de estas frutas dejan de ocupar un papel secundario para convertirse en protagonistas.
Es ahí donde vale la pena hacer una pausa durante el viaje.
Nía Bakery, una mañana para probar Colombia
Nía nació como un homenaje a las serranías y a la biodiversidad colombiana, reuniendo la experiencia en turismo comunitario de Nicole con el trabajo de la chef pastelera Talía Richard, cuya trayectoria incluye Copenhague, además de la visión de Doug y el conocimiento gastronómico de Pierre.
La idea se entiende mejor cuando llega la comida.
Un huevo pochado aparece acompañado por hash de papa y una salsa holandesa de maíz, mientras un brioche combina praliné de marañón con mermelada de maracuyá y mango fresco. Después puede llegar una focaccia de posta cartagenera con sandía encurtida, llevando uno de los sabores tradicionales de la ciudad hacia un formato completamente distinto.
Y entonces llega el momento dulce, probablemente el terreno donde la propuesta encuentra mayor personalidad.
La tarta de lulo combina mermelada y curd de esta fruta colombiana con merengue italiano flameado, mientras una tarta elaborada sobre masa de croissant cambia sus frutas de acuerdo con la temporada. El café colombiano puede cerrar la mañana de manera clásica con un flat white o tomar un camino inesperado con un cold brew lulo soda.
Así, el brunch deja de ser simplemente una parada para comer y se convierte en una pequeña introducción a ingredientes que quizá el viajero mexicano reconoce de nombre, aunque pocas veces tiene oportunidad de probar juntos.
De la mesa nuevamente a las calles de Cartagena
Después del café, la ciudad vuelve a llamar y ahí está buena parte del encanto, porque basta salir para continuar una historia que comenzó mucho antes de sentarnos a la mesa.
Cartagena fue uno de los puertos más importantes del Caribe y conserva uno de los sistemas de fortificaciones más extensos de Sudamérica. Su conjunto monumental es Patrimonio Mundial de la UNESCO y dentro de sus murallas conviven Centro, San Diego y Getsemaní, cada uno con una historia y una personalidad propias.
Por eso resulta fácil construir el día alrededor de pequeños placeres, comenzando con un desayuno largo, siguiendo con una caminata entre balcones y plazas, haciendo una parada para probar algún dulce de coco y dejando que la tarde encuentre su camino hacia las murallas.
La gastronomía termina acompañando todo el recorrido y ayuda a entender que visitar Cartagena también significa descubrir la ciudad a través de aquello que se cultiva, se pesca, se cocina y se comparte alrededor de sus mesas.
Cartagena se queda también en el paladar
Quizá esa sea una de las razones por las que resulta tan fácil recordar esta ciudad, porque las imágenes de sus fachadas, el Caribe y sus calles terminan mezclándose con sabores que después cuesta separar del viaje.
Una posta cartagenera puede hablar de tradición y una tarta de lulo puede contar cómo una nueva generación interpreta esa misma tierra, mientras un café servido sin prisa recuerda que viajar también consiste en sentarse durante un rato y observar lo que sucede alrededor.
Nía es apenas una parada dentro de una ciudad que tiene muchísimo por probar, pero representa bien esa Cartagena que hoy permite ir de una receta tradicional a una propuesta contemporánea sin abandonar los ingredientes que le dan identidad.
Porque algunas ciudades regresan con nosotros en fotografías y otras, afortunadamente, también vuelven cuando recordamos un sabor.
EnRuta Recomienda
Si visitas Cartagena, deja al menos una mañana sin demasiados planes y úsala para desayunar con calma antes de caminar por el Centro Histórico. Prueba la posta cartagenera, busca una arepa de huevo, detente frente a los dulces tradicionales y atrévete con las frutas que no conozcas. Nía Bakery puede formar parte de ese recorrido, especialmente si quieres descubrir cómo esos mismos sabores encuentran una expresión más contemporánea.
Preguntas frecuentes
¿Qué comer en Cartagena?
Entre los sabores tradicionales se encuentran la posta negra cartagenera, el arroz con coco, la arepa de huevo, las carimañolas, los pescados y mariscos, el sancocho, el mote de queso y los dulces elaborados con frutas y coco.
¿Cuál es uno de los platos más típicos de Cartagena?
La posta negra cartagenera es uno de los platos emblemáticos de la ciudad y tradicionalmente se sirve acompañada por arroz con coco y plátano en tentación.
¿Dónde probar dulces típicos en Cartagena?
El Portal de los Dulces, en el Centro Histórico, reúne una oferta de dulces tradicionales elaborados con frutas y otros ingredientes del Caribe colombiano.
¿Qué es Nía Bakery en Cartagena?
Nía Bakery, Coffee & Cocktails es una panadería y espacio gastronómico que trabaja con frutas, café e ingredientes colombianos y los integra en propuestas de brunch, pastelería y bebidas contemporáneas.
¿Qué probar en Nía Bakery?
Entre las propuestas descritas por Nía se encuentran la focaccia de posta cartagenera, la tarta de lulo, el brioche con praliné de marañón y maracuyá-mango, la limonada de coco y miel y el cold brew lulo soda.
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