¿Qué pasa con las baterías de los EV cuando baja su vida útil? Segunda vida y reciclaje explicados
¿Cuándo dejan de ser útiles para el auto?
Cuando la batería cae a ~70–80% de su capacidad, el desempeño ya no satisface las exigencias del vehículo. Sin embargo, conserva valor para aplicaciones estacionarias. Por eso, la industria la dirige a una segunda vida antes del reciclaje.
Segunda vida: del auto al almacenamiento de energía
Las baterías pasan a sistemas de almacenamiento para hogares, edificios, comercios o microredes. Allí entregan potencia en picos y desplazan combustibles fósiles. Además, la segunda vida de baterías de autos eléctricos suaviza la intermitencia solar y eólica, lo que mejora la estabilidad de la red.
Caso real: 63 MWh con baterías reutilizadas
Un desarrollo industrial opera hasta 63 MWh con baterías de EV reusadas. El sistema respalda centros de datos y entrega energía después del atardecer. Así, demuestra que los packs “retirados” del auto aún trabajan por años fuera de él.
¿Cómo se prepara un pack para su segunda vida?
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Diagnóstico: se evalúan celdas, módulos y BMS.
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Reconfiguración: se agrupan módulos con estado de salud similar.
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Integración: se añaden inversores, gestión térmica y protecciones.
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Supervisión: el sistema monitorea temperatura, voltaje y ciclos en tiempo real.
De este modo, se garantiza seguridad y desempeño estable.
¿En qué ayuda la segunda vida?
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Ahorra CAPEX frente a baterías nuevas para almacenamiento.
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Reduce residuos al extender la vida útil.
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Mejora la huella de CO₂ del ecosistema eléctrico.
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Libera presión sobre la cadena de suministro de minerales.
Fin del ciclo: reciclaje de materiales críticos
Cuando la segunda vida termina, llega el reciclaje. El objetivo es recuperar níquel, cobalto, manganeso, litio y cobre de la “masa negra”.
Hidrometalurgia
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Disuelve compuestos y logra altas tasas de recuperación.
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Permite ajustar pureza para nuevos cátodos.
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Opera a temperaturas moderadas y cuida selectividad.
Pirometalurgia
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Funde celdas a altas temperaturas.
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Genera aleaciones ricas en níquel y cobalto.
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Suele combinarse luego con etapas químicas para refinar.
Beneficios del reciclaje
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Menos extracción minera de metales críticos.
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Menos residuos peligrosos y menor riesgo ambiental.
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Impulso a la economía circular de las baterías.
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Mayor resiliencia en la cadena de suministro.
Química y degradación: por qué importa
Las baterías varían: NMC, NCA, LFP, entre otras.
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LFP destaca por estabilidad y larga vida; aporta valor en segunda vida.
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NMC/NCA concentran níquel y cobalto; resultan atractivas para reciclaje.
La degradación es calendar (tiempo) y cíclica (uso).
Por eso, el diagnóstico inicial define si conviene reusar o reciclar.
Seguridad: lo esencial en toda la cadena
Se aplican protocolos de descarga segura, embalaje UN y gestión térmica. Los sistemas estacionarios integran BMS, fusibles, contactores y cortes por sobretemperatura. Además, la trazabilidad reduce riesgos en transporte y almacenamiento.
México: iniciativas y oportunidad
En México, empresas de la EMA impulsan programas para segunda vida y reciclaje. Participan marcas como Auteco, JAC, BYD y Tesla con laboratorios y pilotos. Esto abre espacio a proveedores locales de diagnóstico, integración y logística inversa.
Retos pendientes
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Estandarizar criterios de estado de salud (SoH).
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Escalar logística inversa con trazabilidad.
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Alinear normas de seguridad para packs y módulos.
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Asegurar contratos de suministro estable para plantas de reciclaje.
Conclusión
Las baterías de los EV no acaban en la basura.
Primero viven una segunda vida en almacenamiento.
Después, se reciclan para recuperar metales críticos.
Así, la movilidad eléctrica avanza hacia una economía circular más sólida.
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