El chocolate y el arte de decir algo sin palabras
Mucho antes de llegar a una caja con un listón, el cacao ya era considerado algo valioso. Siglos después, seguimos recurriendo al chocolate para celebrar, agradecer, conquistar o simplemente decir “pensé en ti”. Turin recupera ese pequeño ritual con MAGNO, una nueva colección creada en México para regalar.
Hay regalos que parecen hablar solos y transmitir lo que a veces las palabras no alcanzan. Una botella que se abre para celebrar, flores que llegan sin aviso o una caja de chocolates que aparece sobre la mesa pueden decir gracias, felicidades, te extrañé o pensé en ti sin necesidad de escribir demasiado. Y quizá por eso seguimos regalando chocolate.
Lo curioso es que esta relación entre el cacao y aquello que consideramos valioso comenzó mucho antes de que existieran las cajas elegantes, los bombones o las chocolaterías. En Mesoamérica, los granos de cacao llegaron a ser tan apreciados entre mayas y mexicas que incluso fueron utilizados como moneda en diferentes regiones.
El tiempo cambió su forma, pero no su significado. Ya no llevamos semillas de cacao en el bolsillo para intercambiarlas, aunque seguimos convirtiendo al chocolate en una pequeña forma de lujo, placer y afecto. Y precisamente desde ahí resulta mucho más interesante mirar la llegada de MAGNO, la nueva propuesta de Turin.
Un pequeño lujo que comienza antes del primer bocado
Hay algo casi ceremonial en recibir chocolates. Primero está la caja. Después el momento de abrirla, elegir una pieza y, finalmente, descubrir qué ocurre al probarla. Es una experiencia breve, pero tiene pausas, expectativa y sorpresa.
MAGNO parece haber sido pensado precisamente alrededor de esos pequeños momentos.
La nueva colección fue desarrollada por el Equipo Culinario del Centro de Desarrollo y Soluciones Turin, integrado por chefs y un experto chocolatero, junto con el área de Investigación y Desarrollo de Mars. El desafío fue llevar a gran escala una propuesta que conservara algo esencial en chocolatería: la sensación que produce cada textura al encontrarse con la siguiente.
Por eso el protagonismo no recae solamente en el sabor.
Al morder una pieza aparece primero una capa suave y cremosa que después deja paso a un interior crujiente. Ese contraste se presenta en tres interpretaciones: Vainilla Crocante, Almendra Crème y Avellana Praliné.
Son sabores reconocibles, casi reconfortantes, pero tratados desde una idea mucho más cercana al placer que a la simple golosina.
Porque regalar también forma parte de la experiencia
Con el tiempo hemos aprendido que aquello que envuelve un objeto también puede formar parte de él. Una botella, un perfume, una joya o una caja de chocolates comienzan a contar su historia antes de abrirse. La textura del papel, un listón, una tarjeta escrita a mano o simplemente la forma en que alguien nos entrega algo construyen parte del recuerdo.
MAGNO juega precisamente con esa idea.
Turin lo concibió bajo el concepto “Listo para Regalar”, por lo que cada caja incorpora un listón de tela y una tarjeta personalizable. La intención es que el regalo no necesite otra envoltura porque su presentación ya forma parte de la experiencia porque un regalo no siempre necesita ser enorme para sentirse especial. Muchas veces basta con que parezca personalizado.
Del cacao como tesoro al chocolate como gesto
Resulta curioso pensar en todo lo que ha cambiado desde aquellos primeros usos del cacao en América.
Durante siglos pasó de ingrediente preciado a bebida, después a dulce y finalmente a formar parte de una industria que hoy permite encontrar chocolate prácticamente en cualquier lugar del mundo. El Smithsonian documenta precisamente ese recorrido, desde sus primeros usos americanos hasta su transformación posterior en bebida colonial y, mucho después, en las barras que conocemos actualmente.
Sin embargo, y a pesar del tiempo seguimos asociándolo con momentos especiales como cumpleaños, cenas, aniversarios, visitas, reconciliaciones, agradecimientos o simplemente esos días en los que no existe ninguna fecha en el calendario en donde recibir algo resulta todavía más inesperado.
MAGNO llega a ese territorio sin intentar reinventar el chocolate, sino proponiendo una nueva manera de presentarlo.
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Vainilla, almendra o avellana pueden ser una cuestión de gusto. Nosotros nos quedamos con la idea principal de recuperar el placer de regalar porque sí.
No esperar al cumpleaños, al aniversario ni a una fecha marcada en rojo. A veces una caja de chocolates un miércoles cualquiera puede convertirse en un recuerdo mucho más bonito.
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